(Imagen tomada del reportaje “El arte de fotografiar”)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Correspondencia con científicos

 

Rafael Garrido (científico titular del CSIC. Instituto Astrofísico de Andalucía)

 

 

 

 

A esta carta del Sr. Garrido respondí con otra mía de fecha 22 de noviembre, de la cual extraigo únicamente un párrafo, solamente uno, porque entiendo que es tan revelador del despiste de este señor que no merece la pena que el lector siga leyendo réplicas y contra réplicas de uno y de otro. Ese párrafo de mi contestación al señor Garrido decía esto:

 

 

“Al enjuiciar mi teoría de rotación de la Singularidad, Vd comete un error elemental que le lleva a equivocarse en todo lo demás que me expone. El error consiste en tomar esa insignificante Singularidad como un objeto, situarse Vd fuera de él, en vez de dentro (era el universo entonces), y preguntarme que en relación a qué cosa externa se producía el giro, si fuera no había nada. Pues por eso precisamente, Sr. Garrido, porque fuera no había nada, porque el universo estaba todo dentro de esa Singularidad, el movimiento se verificaba en su interior, de unas partes respecto de otras, concretamente respecto a su eje de giro, exactamente igual a como ahora los movimientos del universo se producen dentro del mismo, de unas partes respecto a otras, no con relación a ningún referente de fuera, que no existen. Vd se sitúa ahora dentro del universo y admite el movimiento por referencia a algo que también está dentro; pero cuando analiza el universo de la Singularidad, comete el error de situarse fuera, preguntar que dónde está la referencia exterior y asegurar que, si no había tal referencia exterior, no podía haber movimiento. Por ese razonamiento que Vd hace, resulta que tampoco hay ahora movimiento de expansión universal, puesto que sigue sin existir ninguna referencia exterior”.

 

 

Insisto: el error inicial de cuanto expone en su carta el Sr Garrido, “Científico Titular del CSIC”, es tan sumamente elemental, que huelga perder el tiempo en las restantes consideraciones de su carta.

 

 

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© Gregorio Corrales.

 

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