(Imagen tomada del reportaje “El arte de fotografiar”)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII.- Construcción ascendente

(última actualización: abril 2016)

 

Alrededor del tema de cómo se construyó el universo, de cuál fue el proceso entre aquella inmensa energía que se desencadenó, en un solo punto, y este descomunal universo que tenemos delante ahora, no ha habido acuerdo entre los cosmólogos. Para unos, de la gran nebulosa del principio, por fragmentación, nacieron los grandes sistemas, de los cuales y por sucesivas fragmentaciones, el cosmos fue “desgranándose” poco a poco, hasta llegar a los más pequeños sistemas planetarios. Esta sería una construcción descendente. Pero otros defienden el modelo opuesto: las primeras fragmentaciones de la gran nebulosa inicial dio lugar a la aparición de las estrellas, y desde esos cimientos se alzó luego el imponente edificio del universo como hoy lo vemos. La verdad es que la realidad, cuando no la dominamos, admite muchas más explicaciones de las que desearíamos.

 

Construcción descendente. De los sistemas a las estrellas

 

Parece posible, abordando la primera de las teorías, figurarse una expansión en cuyo seno se produjo cantidad de rotaciones, por el mecanismo ya explicado en capítulos anteriores, y cabe pensar que esas formaciones fuesen nutriéndose, madurando y avanzando hasta constituir enormes nebulosas de proporciones gigantescas. En tal caso, se precisaría que también en el seno de cada una de ellas, por las mismas causas que en el seno de la expansión general de la que procedían, es decir, por el efecto de la curvatura divergente de su propia expansión particular, se generasen nuevas rotaciones; las cuales, a su vez, afectadas también por la expansión, dieran origen a otras nuevas rotaciones en su interior, etc, etc.

 

Así podemos suponer un proceso en el que se repiten las causas y las nuevas formaciones, unas dentro de otras, siempre de más a menos, pero siempre dentro de la misma fase inicial del universo, puesto que es la única fase en la que había masa continua. Y esta es la clave que deshace el empate entra una y otra teoría, la descendente y la ascendente, eliminando a la primera.

 

·               Si el último de los peldaños, en esta tesis descendente, fue el de la aparición de las estrellas, y dado que las misma surgieron (como luego veremos) necesariamente de la inicial masa expansiva continua, quiere esto decir que todo el escalonamiento del proceso se habría efectuado ya dentro de esa única etapa.

 

·               En tal hipótesis, el proceso entero de fragmentación, de más a menos (supercúmulos, cúmulos, grupos, galaxias, sistemas planetarios y estrellas), se produjo en el seno de la masa expansiva, de manera que el proceso fue “invisible” (sólo masa expansiva) hasta la aparición del último peldaño, el de las estrellas, que hizo visible, de forma súbita, toda la arquitectura de los sistemas en un mismo instante. Resulta tan inverosímil esta teoría que cuesta trabajo pensar que nadie la respalde.

 

·               En la tesis opuesta (la ascendente), sin embargo, si lo primero en formarse fueron las estrellas, cuando éstas se “encendieron”, todavía hubo muchísimo tiempo (y sigue habiéndolo) para contemplar los movimientos de formación del cosmos.

 

También se defienden tesis intermedias, en las cuales ni la construcción fue enteramente descendente ni tampoco enteramente ascendente. Para éstas, las nebulosas del principio correspondían a los sistemas intermedios, es decir, a lo que actualmente son las galaxias; las cuales, por fragmentación, se convirtieron en conjuntos de estrellas y por agregación en cúmulos. Pero, en cualquiera de estas dos tesis, el inconveniente es siempre el mismo: encerrar en una sola fase (la de la masa continua) el gran proceso de construcción entero, no explica las distintas edades del universo.

 

Construcción ascendente. De las estrellas a los sistemas

 

Si partimos de la tesis opuesta, de que la construcción de este edificio fue ascendente, el fenómeno cobra la verosimilitud de que adolecía el anterior, porque justamente eso es lo que ocurre en cualquier tipo de construcción. Los edificios se levantan con ladrillos, y no al revés. Y los ladrillos del firmamento son las estrellas. Así es que, con esos ladrillos, la obra se llevó a cabo de forma mucho más coherente.

 

Aplicando mi modelo de universo a este tipo de construcción ascendente, debemos partir de que el seno de la masa expansiva inicial se pobló de minúsculas rotaciones, ocasionadas por la divergencia curva de la propia expansión en espiral (capítulo V). Ahora añadimos que esas rotaciones, infinitamente más numerosas que en la tesis anterior, correspondían a lo que ahora son estrellas, no a lo que ahora son grandes sistemas, ni siquiera galaxias. Desde este punto de partida, cabe hacer tres precisiones:

 

1.             En cuanto al tiempo en el que comenzó a tener lugar la formación:

 

·               La concepción de este modelo mío de universo ha comenzado por explicar que el espacio no es una naturaleza muerta, que vive, que fluye y se distiende, que está en continuo movimiento(capítulo III).

 

·               También ha quedado explicado que las rotaciones se generan por la geometría del espacio, por la divergencia de los radios de la expansión, sin intervención de ninguna fuerza, lo cual quiere decir que pudieron iniciarse incluso en el propio espacio expansivo.

 

·               En mi modelo de universo, por tanto, no se precisa ni de materia ni de fuerzas para comenzar el proceso, pudo iniciarse desde el momento mismo del desencadenamiento original, puesto que era suficiente la existencia del espacio, exclusivamente, para que se iniciasen los movimientos rotatorios del mismo.

 

·               No obstante y en cuanto a la posible participación de la materia, cabe señalar que, según la ciencia, bastaron los tres primeros minutos para que, por enfriamiento (mil millones de grados), aparecieran las primeras partículas subatómicas, los protones y neutrones, cuyo emparejamiento, dio lugar a la primera composición material, el núcleo del deuterio (isótopo del hidrógeno). Esta inusitada velocidad de formación (sólo tres minutos), sin embargo, no es muy coherente con el dato del siguiente punto, según el cual:

 

·               Esa primera fase, constituida por los citados núcleos atómicos, más electrones y fotones, a una temperatura similar a la que hoy existe en el interior de las propias estrellas, fue la fase del llamado plasma, la cual duró los primeros 300.000 años (según los científicos). Hemos pasado de necesitar sólo el enfriamiento de tres minutos, a resistir tal enfriamiento durante nada menos que 300.000 años (¿?)

 

·               Esta primera masa expansiva tan inconsistente, llamada plasma o 4º estado, es el estado de agregación de la materia más fluido, más aún que el gas, cuya expansión es muy violenta, de ángulo agudísimo, y con un enfriamiento muy veloz (prosigue la incoherencia entre unos datos y otros)

 

·               A partir de esa fecha es cuando, por efecto del enfriamiento hasta 6.000 grados, temperatura similar a la de la superficie del Sol ahora, los núcleos comenzaron a capturar electrones y a formar átomos de hidrógeno. La materia, por tanto, hizo su aparición (a nivel atómico) en esa segunda fase, entre los 300.000 y los 800.000 primeros años de la edad del universo (datos quizás dudosos, pero que carecen de trascendencia en mi teoría).

 

·               Ya tenemos el “momento” en el que pudo iniciarse el proceso de formación, nada menos que un momento que comenzó en el año 0, pero que pudo durar los 800.000 años siguientes.

 

·               Es la fase en la que se produjo el fenómeno de la radiación de fondo, descubierta por Penzias y Wilson, debida a que los átomos no volvieron a interaccionar con los fotones de la radiación electro-magnética y quedó ésta, de forma residual, hasta nuestros días.

 

2.             En cuanto al dónde se inició:

 

·               El lugar no lo sabemos, pero sí sabemos con seguridad que tuvo que producirse en la que en ese momento fuese la “frontera” del espacio. Lo sabemos porque tal fenómeno se produjo por descompresión y enfriamiento, y ese punto crítico en el que la expansión del espacio y la densidad de la materia llegaron a ser las adecuadas, tuvo que producirse, forzosamente, en lo que en ese momento constituyese la frontera última del espacio.

 

·               Este hecho de que la formación de las protoestrellas no comenzase en toda la masa expansiva a la vez, sino en una franja determinada, además de ser lo que el propio fenómeno exige, viene también a explicar el porqué de la gestación sucesiva de las estrellas y sus diferentes edades. Las más veteranas son las más lejanas, las que corresponden a esa franja del límite del espacio entonces, franja que luego fue ampliándose hacia el interior por enfriamiento general de todo el cosmos.

 

·               ¿Llegó hasta el Origen mismo, el punto ocupado en su día por la Singularidad? No parece lo probable, por puro agotamiento. En las cercanías al punto cero, por tanto, lo previsible es que haya un espacio libre, similar al resto del espacio interestelar (no un vacío, porque el espacio no se “va”, se “dilata” y permanece unido al Origen siempre)

 

3.             En cuanto al cómo del proceso:

 

·               Aquella incipiente masa continua de nebulosa, comenzó a rotar en infinidad de puntos por la geometría del espacio (capítulo V). Este fue el primer paso (la ciencia siempre sostuvo que primero fue la fragmentación, pero últimamente reconoce que hubo primeras concentraciones, a las que algún autor llama “grumos”).

 

·               Esas primeras rotaciones o protoestrellas se vieron afectadas, inmediatamente, por la IG (capítulo VI) que las contrae, y que llegaría a colapsarlas con el tiempo.

 

·               Pero estamos situados en el seno de la nebulosa inicial, de masa muy ligera y homogénea, sin espacios libres y con enorme capacidad de distensión.

 

·               Las primeras órbitas estaban sometidas a mayor inercia gravitatoria, puesto que la longitud de su radio era menor y menor también la expansión, debido a la mayor curvatura de la espiral en esa zona inicial.

 

·               La masa de nebulosa que rodeaba a la protoestrella, por tanto, iba integrándose en la incipiente rotación sin problemas, puesto que, como ha quedado dicho, en esas primeras órbitas era mayor la inercia gravitatoria que presionaba hacia la concentración que el efecto contrario de dispersión que ejerce la expansión.

 

·               Pero a medida que la protoestrella avanzaba en la expansión con toda la nebulosa, las órbitas más exteriores, por el contrario, soportaban menor inercia gravitatoria, debido a la mayor longitud de su radio y el aumento del efecto expansivo (por la menor curvatura del espacio en espiral).

 

·               El resultado comenzaba a ser el opuesto al anterior, la inercia gravitatoria de la protoestrella iba decreciendo y el efecto de dispersión iba siendo mayor que el de integraciónla en la masa de nebulosa que rodeaba a la protoestrella.

 

·               Forzosamente se llegaría a una órbita determinada en la que ambos valores se igualarían. Esa órbita de equilibrio era la que fijaba la dimensión de la protoestrella.

 

·               En la órbita inmediatamente siguiente, el fenómeno se habría invertido, la expansión de la nebulosa circundante sería superior a la inercia gravitatoria de la protoestrella, razón por la cual esa masa ya no se integraría en la rotación, sino que seguiría su curso con el resto.

 

·               Al alcanzar, por consiguiente, esa órbita de equilibrio, la protoestrella habría terminado de formarse y se separaría del resto de la masa expansiva, con aparición de espacios libres. Fue el momento en el que, el universo de nebulosa continua, se fragmentó y comenzó a transformarse en el universo de astros libres en el espacio.

 

Esta es la explicación de la formación de las estrellas: dónde y cuándo lo consiguieron y el porqué de su cantidad determinada de masa. Se acababa de iniciar la fragmentación del universo, y deberíamos añadir, además, que de una manera coherente y fundamentada.

 

ü             Hasta la fecha, nadie ha dado una explicación convincente de los motivos por los que, una parte de la nebulosa general del nacimiento del cosmos, se diferenciaba del resto, se separaba del resto y continuaba su andadura al margen del resto.

 

Todo lo contrario, se ha escrito un cúmulo de vaguedades sobre el porqué de la iniciación de estos procesos (quizás por “polos magnéticos”....), sobre el motivo de que se iniciase en ellos la rotación (quizás por “rozamientos” o “turbulencias”....) y se ha presentado a la gravedad como la responsable de todo (entendida, además, como fuerza de atracción de masas). Aquí, sin embargo, la hemos dejado emancipada, madura y caminando sola en el espacio, e incubando la inevitable formación de su particular horno nuclear desnudo que la estabilizará, de forma definitiva, frente a la inercia gravitatoria.

 

Con lo anterior hemos escrito el prólogo, tan necesario como olvidado por los cosmólogos, de todo lo que ocurrió antes del parto de una estrella hasta verla independizada. El resto de lo que le acaece a ese apenas puntito de luz que brilla en el firmamento, ya nos lo han relatado los astrofísicos con minuciosidad (esto sí, esto nos lo han dejado escrito, sencillamente, porque esto solamente consiste en comprobarlo):

 

-                La protoestrella, ya independizada del resto de la masa expansiva, continuó su viaje girando sobre su eje y sometida a la inercia gravitatoria, contrayéndose y alcanzando más y más presión y temperatura.

-                Al llegar a ciertos valores críticos de presión y temperatura, el hidrógeno se transformó en helio, creándose así el horno nuclear interno.

-                La creciente presión liberadora de ese horno nuclear interno, llegó a un punto crítico en el que neutralizó la contracción por gravedad, y el cuerpo se estabilizó bajo unas dimensiones y condiciones de luz y calor propias de lo que se viene llamando una estrella.

-                El resto de la historia, hasta convertirse en enana blanca, o hasta autodestruirse en una enorme deflagración, cae fuera del objeto de este trabajo, que se centra en lo que hasta ahora nunca ha sido suficientemente explicado: las grandes líneas de la construcción del universo.

 

Hasta ese instante de la fragmentación de la frontera del espacio en protoestrellas, teníamos un universo de masa continua que la expansión descomprimía, enfriaba y poblaba de rotaciones. A partir de ese momento, entramos en otro universo de cuerpos estelares ya consolidados, sólidos, en el que la expansión corre a cargo del espacio interestelar. No obstante, ninguna de estas dos etapas de la construcción debe entenderse de forma excluyente. En un principio solamente existió la primera. Ahora solamente existe la segunda. Pero por un tiempo coexistieron las dos formas de universo, una a cada lado de la frontera generadora de protoestrellas.

 

Comentario final:

Si el lector se da cuenta, en éste y en todos los capítulos anteriores me he expresado con seguridad sobre las raíces del cosmos, me he sentido muy seguro en las teorías expuestas sobre su forma de nacer y desarrollarse. No soy científico, no puedo cuantificar con fórmulas matemáticas cuánto he expuesto, pero confío en la profundidad lógica de mis argumentos, como buen filósofo. Y con esto creo haber cumplido mi cometido: dar un vuelco total a la concepción de lo que es el cosmos, desde su gestación hasta su puesta en marcha. Pero, en cuanto a lo demás que ha ido aconteciendo desde su mayoría de edad (galaxias, cúmulos, etc), no me inquieta y lo he eliminado en esta última actualización, porque no es otra cosa que una pura consecuencia de lo ya establecido (y en algunos temas, porque los datos aportados por la astrofísica resultan confusos y contradictorios, como es el caso de las galaxias, de manera que no se pueden aventurar hipótesis sobre datos no fiables):

 

La distensión expansiva del espacio, en su propio seno, proseguirá hasta la campana del asalto final.

La divergencia de la espiral seguirá generando todo tipo de rotaciones de unas estrellas sobre otras estrellas, de unos sistemas de estrellas sobre otros sistemas de estrellas.

La sempiterna querella “expansión-versus -inercia gravitatoria” nunca será resuelta a favor de ninguno de los dos contendientes.

...... etc,etc, etc.

 

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© Gregorio Corrales.

 

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