III.- La expansión en espiral plana

(Última actualización: 10-06-2017)

 

 

“La respuesta es sencilla: mirando al universo, todo son espirales planas, desde las humildes formaciones de las tempestades en el planeta Tierra, hasta las inmensas asociaciones de galaxias, pasando por el vasallaje de los sistemas planetarios en torno a la hoguera de sus estrellas. Toda ceremonia del espacio se convoca en forma de espiral plana. ¿Y el origen? ¿Pudo ser diferente el origen? Por supuesto. El origen no fue una espiral plana...... fue el centro de una espiral plana. El universo no pudo ser otra cosa que una inmensa espiral plana. Así es que, cambiar el origen es cambiar la realidad desde cero. Esta historia del universo no es que sea novedosa, es que nada tiene que ver con las que se han contado hasta ahora”.

 

Con este párrafo anterior inicié el primero de todos los capítulos, contestando a la pregunta ¿Cómo es posible tanto cambio y todo de un solo golpe? Y con el mismo inicio ahora este capítulo. Pero las cosas hay que contarlas como realmente han sido, porque no todas las ideas definitivas se le ocurren a uno desde el principio mismo, desde la “nada”. Esta idea del cosmos en forma de espiral plana no fue un chispazo repentino, sin nada anterior, había ya malgastado no sé cuántas horas en el intento de conciliar la imagen de una partícula, que aparece desde la “nada”, con su explosión y la formación de un universo esférico (como siempre se nos había contado), y no había manera de cuadrar el círculo. Pero es que, además, tampoco este intento mío había nacido huérfano, se había iniciado en otro intento anterior: el de buscar la compatibilidad del universo científico con el universo bíblico. Ése fue el auténtico principio de todo lo que he escrito después.

 

La descripción que viene haciendo la astrofísica sobre el origen consiste en la existencia de una “partícula”, a temperatura y presión enormes, la explosión de la misma como consecuencia de esas altísimas tensiones a que estaba sometida, y la expansión subsiguiente. El resto de la explicación que se ha dado sobre este fenómeno del Big Bang es que, una vez producida la explosión, al ser mayor la fuerza expansiva que la gravitatoria que actúa en sentido contrario, la expansión ha continuado sin interrupción. Así presentado, este universo resultaba imposible, al menos por dos razones de peso que traslado a los científicos:

 

1.             La hipótesis, aunque científica, parte de un error demasiado visible: el Origen nunca pudo consistir en una “partícula”, porque una partícula, aunque sea de dimensiones subatómicas, es materia, y la materia no existía todavía, porque la materia no es otra cosa que integración de energía, luego jamás puede estar en el origen como primera realidad existente. La Singularidad inicial no pudo ser otra cosa que pura energía.

 

2.             Pero es que, además, una explosión se produce en la dirección de los infinitos radios rectos de una esfera y consiste en la expulsión de lo que explosiona, en un lanzamiento que se aleja del punto de la explosión, dejando, tras de sí, la nada, un vacío de difícil explicación, una tierra de nadie situada, precisamente, en el interior del universo, puesto que éste sería solamente la superficie o corona de dicha esfera que va alejándose de su origen por la explosión, un universo de tan difícil explicación, que la visión de un observador, situado en él, sería así de original:

 

o              En la dirección cuasi bidimensional de la propia corona esférica, se vería una masa abigarrada de sistemas, ocultándose unos a otros.

 

o              En la dirección radial, tanto hacia “dentro” como hacia “fuera”, todo lo contrario, se vería un universo prácticamente despoblado.

 

Análisis tan sencillos y tan irrebatibles como éste es lo que se echa de menos en los astrofísicos, en vez de tantos laberintos numéricos. Pero tampoco con esto hemos llegado al final de los despropósitos. Porque otros muchos teóricos, igualmente adictos a esto del “globo”, prefieren situar el Origen, no en el centro de la esfera, como parece lo obvio, sino en la propia superficie o corona esférica, con lo cual se ha terminado de rizar el rizo para mayor confusión de todos. Ahora ya no se trata de un globo que se genera a partir de su centro geométrico, sino de un globo que se genera a partir de un punto de su propia forma circular. El despropósito es aún mayor, porque:

 

·               Un plano no puede ser el resultado de una explosión; pero menos aún que ese plano pueda luego curvarse, sobre sí mismo, y hacerlo, además, con curvatura constante, única forma de engendrar una superficie esférica desde un punto de la propia superficie esférica.

 

El cosmos no es una esfera ni mucho menos una superficie esférica. La relación causa-efecto entre una explosión y lo esférico no es aplicable al cosmos, porque el cosmos ni explosionó ni es una esfera.

 

Mi primer paso en este intento personal de resolver la cuadratura del círculo había resultado fallido. Pero en el segundo, todo lo contrario, tuve la sensación, desde el primer instante, de hallarme ante la clave que todo lo explicaba: me refiero a la concepción del espacio como algo vivo, que se distiende, que se despliega, que fluye igual a como fluye el tiempo, en vez del espacio pasivo y estático que nos han enseñado (capítulo siguiente). Y pensé que quizás había dado con la solución:

 

·               En el origen no se habría producido ninguna Gran Explosión de la Singularidad, por mucho que los científicos así lo supongan, se habría producido el Gran Desencadenamiento de lo que comienza a distenderse, es decir, a expandirse dentro de su propio seno. ¿Por qué era esta la solución?

 

·               Porque, eliminada la explosión, eliminado queda el problema del punto 2: la desconexión entre el punto de explosión y lo explosionado, ese gran vacío interior mucho más grande aún, en cuanto espacio, que el propio universo, el cual (el universo) iría alejándose de su origen en forma de corona esférica y dejando dentro una “nada” imposible de explicar.

 

·               Con esta aportación nueva del espacio fluyente, tendríamos una diferente situación teórica y un universo mucho más creíble: el Origen no habría consistido en la explosión de una partícula, sino en el desencadenamiento de lo que era una prodigiosa concentración de energía por dilatación o distensión interna en todos los sentidos, como lo hace un cuerpo elástico, produciendo así un universo realmente esférico, es decir, continuo desde el centro hasta la superficie esférica, sin vacíos interiores.

 

Pero, una vez más, el círculo se negaba a ser cuadrado. ¿Cuál era esta vez el problema? El problema era que ese cosmos que se dilata en todas las direcciones por igual, según los radios rectos de una esfera, provocaría sistemas estelares que girarían en todos los planos alrededor del centro, algo parecido a una auténtica maraña. ¿Cuál era la razón por la que todos los sistemas giraban siempre en un solo plano en torno a su centro? Ahí fue donde acabó por cuadrar el círculo, ahí fue donde surgió el chispazo que todo lo iluminaba:

 

ü             Los sistemas en espiral plana (es decir, en un solo plano alrededor de su centro) que pueblan el cosmos no son así por casualidad, son así porque esa es la única forma geométrica en la que se desenvuelve todo, incluido en este todo el propio cosmos como conjunto.

 

Acababa de desaparecer el enigma de la cuadratura del círculo: El propio cosmos también es, en su conjunto, una inmensa espiral plana, idéntica en su forma y funcionamiento a todas las que observamos en su interior, es decir, entendiendo por “espiral plana” no la pura forma geométrica que se desarrolla en un único plano bidimensional, sino la que tiene cierta anchura, sin perder por ello la imagen de lo que es esencialmente “plano”. Y esto nos lleva a las tres claves que, dentro de las ocho del primer capítulo, son las más esenciales, porque son las que explican la arquitectura:

Las tres claves de la arquitectura

 

1.             La primera clave consiste en la concepción del espacio como algo vivo que se dilata o distiende en su propio seno, como lo hace cualquier cuerpo elástico; en vez de la concepción académica de un espacio producido por el movimiento de una explosión y que va quedando atrás, inerte.

 

2.             La segunda clave consiste en la figura geométrica que resulta del Gran Desencadenamiento de la Singularidad inicial, en forma de espiral plana, igual a la de todos los sistemas que se forman en su interior; en vez de la concepción académica de una esfera o superficie esférica por una explosión.

 

3.             Y la tercera clave consiste en la curvatura de esa forma expansiva en espiral, la cual produce, por sí misma, la formación de todos los sistemas rotatorios en su interior y la inercia conocida como gravedad; en vez de la concepción académica de haber sido producidos por la actuación de fuerzas “ad hoc” nunca demostradas.

 

La curvatura del espacio

 

En el esquema que hice en el capítulo primero sobre el contenido de toda la obra, con el fin de informar al lector de lo que iba a leer y, sobre todo, de cuáles eran las novedades del trabajo de este autor, respecto a lo que la astrofísica académica tiene establecido, hice una breve síntesis de esas novedades, y entre ellas ya estaban las dos primeras, las básicas, el espacio fluyente y la espiral plana, además de otras cinco........

 

Sin embargo, nada dije sobre una más que no podía incluir entre las novedades, precisamente porque ya no es novedad desde la relatividad de Einstein, pero como si siguiera siéndolo, puesto que el mismo Einstein interpretó al revés el alcance de su propio descubrimiento. Estoy hablando de la curvatura del espacio, a la cual podemos calificar, en relación con el movimiento expansivo, como la “clave de la clave”, en reconocimiento a la enorme trascendencia que encierra.

 

La historia del cosmos no es otra cosa que la historia de un movimiento expansivo por distensión interna, no por actuación de fuerzas. Y si la distensión interna es la clave, la clave de la clave es su propia curvatura.

 

Curva es la expansión en espiral plana que siguió al desencadenamiento del origen. Curva es la divergencia de las líneas de expansión que genera todos los movimientos rotatorios conocidos, desde los electrones hasta los sistemas, pasando por la formación de los astros. Curva es la línea ondular que resulta de la combinación de las dos curvaturas anteriores y genera la gravedad. En la formación del universo no hay fuerzas, hay curvatura.

 

Einstein fue el primero en hablar de lo que entonces constituyó una novedad, la curvatura del espacio..... pero limitándola al entorno que rodea a una masa, o lo que es lo mismo, a cada astro. Así concebida, la impresión que produce a cualquiera (y la que produjo al propio Einstein) es que el espacio, en su movimiento expansivo, al encontrarse con una masa se desvía para sortearla. En este libro también parto de que el espacio es curvo, pero no limitado a la presencia de masas ni producido por ellas, sino al contrario. En mi teoría, la relación causa-efecto es la opuesta:

 

1.             No es que sean las masas las que provocan la curvatura del espacio, como creía Einstein, sino que todo el espacio de la expansión universal es curvo, con o sin masas, puesto que consiste en una espiral.

 

2.             Pero hay más: Es precisamente esa curvatura divergente de los radios de la espiral la que produce la formación de todos los movimientos rotatorios, conforme a la demostración del capítulo V.

 

3.             En el capítulo VII, Construcción ascendente, se demuestra, igualmente, que la relación causa-efecto es la opuesta a la que se viene manteniendo. No es que el espacio se curve debido a la presencia de la masa de un astro, todo lo contrario, es la curvatura del espacio la que genera la acumulación de masa hasta formar el astro.

 

No son las masas las que producen que el espacio se curve (Einstein), es al contrario, todo el espacio es curvo porque consiste en una espiral, y es esa curvatura en espiral la que produce la formación de todas las rotaciones (astros y sistemas) en su seno. La expansión curva es la causa y las masas en rotación son la consecuencia, y no al contrario.

 

Esa primera observación que hizo Einstein sobre el tema “curvatura” es lo de menos, puesto que fue una observación tan limitada y equivocada. Lo importante es la suma de “curvaturas” que aquí se exponen y que confluyen en una explicación racional de la formación y funcionamiento del cosmos, así como los hechos (hechos, no teorías) que avalan ese universo así explicado, sin necesidad de suponer fuerzas misteriosas y jamás demostradas.

 

·               Se puede demostrar, geométricamente, como en este libro hago (capítulo V), que la divergencia de los brazos de una espiral engendra curvaturas cerradas, rotaciones, y que tales rotaciones se verifican siempre en un único plano, el mismo de la propia espiral que los genera.

 

·               Se puede demostrar, geométricamente, como en este libro hago (capítulo VI), que ese movimiento circular de las rotaciones, al combinarse con el movimiento de expansión a lo largo de los radios curvos de la espiral, genera un tercer movimiento ondular, el cual provoca, por inercia, la tendencia de las masas a precipitarse sobre el centro de cada rotación, efecto conocido como gravedad y que nada tiene que ver con una supuesta atracción de masas.

 

·               Se puede afirmar, categóricamente, porque es un hecho, que el cosmos no tiene forma de esfera ni de superficie esférica, sino forma plana, porque así ha sido ya comprobado por los proyectos científicos Boomerang y Máxima; lo cual confirma mi tesis de la planitud del cosmos (espiral plana), publicada dos años antes de los citados proyectos científicos.

 

·               Se puede demostrar, como aquí hago (último capítulo), de forma irrefutable, que la conocida como “velocidad de escape”, que es única e inalterable en cada astro, solamente es posible en el modelo de gravedad aquí presentado, pero jamás en el modelo de gravedad por atracción de masas, el cual generaría una velocidad de escape variable, según las posiciones relativas de los astros.

 

¿Son necesarias más pruebas? Si al lector le puede resultar paradójico y extraño que el universo pueda ser curvo y a la vez plano, le recuerdo que ambos conceptos son perfectamente compatibles, dependiendo de hacia dónde se dirija el foco. El universo es plano en cuanto a la figura geométrica exterior, es decir, si pudiéramos enfocarlo desde fuera; pero es curvo en cuanto a su naturaleza o constitución física, es decir, es curvo dentro, en su interior.

 

o              Lo comparé en algún momento con una inmensa rueda, la cual constituye una figura plana en cuanto a su geometría externa. Pero si los radios, comúnmente rectos en las ruedas, los sustituimos por radios curvos, seguirá siendo una rueda plana en su figura exterior (como también lo es el cosmos), pero construida con radios que progresan en forma curva, que es la forma en la que progresa la expansión dentro del cosmos.

 

Para que esta imagen de la espiral plana (figura 1) pueda resultar más asequible a todas las imaginaciones, recordemos el comportamiento de tantos movimientos que se dan en el orden natural. El agua contenida en un recipiente (como por ejemplo un lavabo) al que se retira el tapón del vaciado, comprobamos que no fluye de forma directa hacia el desagüe, sino que lo hace describiendo un típico rodeo hasta converger, de forma curva, en el mismo. Este es el llamado efecto Coriolis, que tiene la causa de tal desviación en el movimiento de rotación de la Tierra (según la ciencia).

 

Pues bien, figurémonos ahora que el movimiento fuera justamente el opuesto, es decir, que el agua, en vez de evacuarse por el desagüe, fluyera por el mismo (que es donde estaría la Singularidad) y se expandiera hacia el interior del lavabo, y que, además, lo hiciese siguiendo el mismo camino curvo de antes, que entrase dando el mismo rodeo con el que antes salió. Este último es, más o menos, el movimiento de espiral con el que se comporta el universo desde su nacimiento.

 

Figura 1.- El universo visto desde el extremo de una perpendicular al centro de la espiral plana, similar a ver nuestro planeta desde un polo. Los radios curvos de la espiral van separándose por la divergencia, a medida que progresan.

L (expansión longitudinal)

A (expansión angular)

 

 

Por otra parte y como ya dije, este tipo de movimiento es el mismo que puede ser observado en la mayoría de los sistemas, justamente porque constituyen simples réplicas de un patrón común. No hay nada más que comprobar la figura de tantas galaxias, como discos extendidos en forma giratoria, con brazos o radios en espiral, para tener una imagen muy aproximada de lo que es el universo en conjunto. Si pudiera ser visto desde fuera, se le vería como una inmensa y plana galaxia en espiral; con la obvia diferencia de que el universo está en expansión, en movimiento desde dentro hacia fuera, mientras que las galaxias, por el contrario, están en contracción, en movimiento de fuera hacia dentro (capítulo VII). Y esto me lleva a una precisión que quizás sea necesario repetir:

 

ü             Describir al universo como una espiral plana no significa que se trate de un plano auténtico, bidimensional exclusivamente (como tampoco la tesis de la “superficie esférica” se refiere a la mera superficie bidimensional de una esfera). No se trata del concepto exacto de lo que es un plano en geometría, en el cual solamente hay dos dimensiones; se trata de una figura desde luego tridimensional, pero en la que domina notablemente lo extenso sobre la tercera dimensión. Las galaxias tienen un inmenso grosor, a pesar de lo cual dan la imagen de lo que es esencialmente extenso, plano. Trasladada esta imagen al papel, resulta:

 

Figura 2.- El universo visto desde un punto “exterior” situado en el mismo plano de la espiral, similar a ver nuestro planeta desde el ecuador. Consiste en una figura plana que, a partir de 0 (Singularidad) va ensanchándose por la expansión transversal.

O (Singularidad)

L (expansión longitudinal)

T (expansión transversal)

 

Las tres direcciones de la expansión.

 

Independientemente de que sean rectos o sean curvos, todos los radios que emergen de un centro son, lógicamente, divergentes, van separándose unos de otros a medida de que progresan. En este caso del universo, se trata de radios curvos que se expanden desde el centro (Singularidad) en un único plano (espiral plana de la figura 1)

 

Pero si el fenómeno, aunque se inicie en un único plano, se produce por distensión, dilatación, pérdida de densidad, la expansión afecta a todo el volumen de lo que se distiende, debido a lo cual va superando el plano sólo bidimensional del inicio, es decir, va progresando también en la tercera dimensión (expansión transversal T de la figura 2). Es debido a esto que la expansión se produce en tres dimensiones:

 

Expansión longitudinal.- (dirección L, en las figuras 1 y 2)

Es lo que se expande el universo en su avance “hacia fuera” en el sentido de los radios, alejándose del centro (Singularidad) por distensión, según la siguiente figura 3.

 

 

Este avance longitudinal “hacia fuera” de los radios curvos de la espiral, a pesar de que constituye la figura primordial de lo que es la expansión en la imaginación de cualquiera, va decreciendo continuamente, debido a la curvatura, y acabará por detenerse del todo. En la imagen puede comprobarse que sus sucesivos tramos I1, I2.......hasta I9 van siendo cada vez menores, hasta que lleguen a su agotamiento (consultar capítulo VIII, “Destino del universo”)

 

Si el lector piensa que esto constituye una contradicción con el fenómeno ya observado por Hubble, según el cual la velocidad de alejamiento de las galaxias entre sí es cada vez mayor, debe tener en cuenta que, tanto la divergencia de la espiral como la expansión por distensión, implican que, por cada avance longitudinal, las expansiones angular y transversal son progresivamente mayores. Esto explica por qué hay cada vez más espacio para los movimientos, a pesar de que la expansión longitudinal sea cada vez menor.

 

Expansión angular.- (dirección A, en la figura 1).

Al ser todos los radios divergentes entre sí, van produciendo un espacio circular cada vez mayor en el sentido del “ecuador” de una hipotética esfera. Esta expansión es continuamente creciente mientras no llegue, por agotamiento de la expansión longitudinal, al momento de máximo alejamiento posible del origen y clausura del espacio.

 

Expansión transversal.- (dirección T, en la figura 2).

Es lo que se expande el universo en el sentido de los “meridianos” de una hipotética esfera, por la misma causa que la expansión angular en el sentido del “ecuador”, puesto que la divergencia de los radios se produce en todos los sentidos, engendrando con ello una banda ecuatorial cada vez de mayor anchura. También es continuamente creciente hasta llegar al agotamiento de la expansión longitudinal.

 

La imagen geométrica del cosmos

 

Quizás lo más complicado sea ponerle nombre técnico al resultado de la expansión en estas tres direcciones, es decir, la imagen geométrica de la figura 2, porque, dentro de una hipotética esfera, no se trata de un huso ni de un segmento ni de un sector, se trata de una figura semejante al segmento, en cuanto a su apariencia, y semejante al sector, en cuanto a que queda delimitada por radios. A falta de referencia más adecuada, opto por llamarla sector ecuatorial de esfera, con perdón de los geómetras si este nombre no es afortunado, o si esa figura ya goza de otro nombre que desconozco. Pero como lo esencial no es el nombrecito, sino que el lector sea capaz de reconstruirla en su imaginación, voy a intentarlo con dos ejemplos:

 

·               El primero es el más exacto, pero también el más técnico, por lo que puede ser que no a todo lector le sirva. Teniendo en cuanta que en geometría se llaman círculos máximos de una esfera a todos los que cumplan la condición de pasar por el centro de la esfera, la figura geométrica del universo queda resuelta con sólo decir que corresponde a la figura geométrica construida con todos los círculos máximos comprendidos entre ciertas latitudes “norte” y “sur” (aunque en el cosmos no hay norte ni sur, por supuesto), siendo lo de menos determinar cuáles son esas latitudes norte y sur, puesto que se desconocen y puesto que se trata solamente de construir la imagen.

 

·               Para el segundo ejemplo puede servirnos una rueda, como ya lo he hecho en otras ocasiones, pero una rueda especial, porque presenta la particularidad de que su eje central no es un eje (como en todas las ruedas), sino solamente un punto (la Singularidad). Ahora es cuando se precisa un poco de imaginación:

 

o              Los radios parten todos de un solo punto, el centro de la rueda (la Singularidad), en forma de espiral, y lo hacen, como todas las espirales, en un solo plano bidimensional (figura 1).

 

o              Pero ya ha quedado dicho que el espacio se expande por distensión o dilatación dentro de su propio seno, lo cual se verifica en todos los sentidos.

 

o              El resultado de esto último es que la expansión no solamente progresa en todas las direcciones del plano en el que comenzó, sino que también progresa algo fuera de ese plano inicial en el que está situada la Singularidad, ganando cierta anchura en el sentido de los “meridianos” de una hipotética esfera a medida de que avanza. De esta manera, la rueda en cuestión, aunque en el centro seguiría siendo sólo un punto, en vez de un eje, en el borde sería una banda ancha, como todas las ruedas (figura 2).

 

El valor de ese ángulo de sector esférico que determina la “anchura” de la figura plana del universo, o lo que es lo mismo, hasta que “latitudes norte y sur” alcanza la expansión en una hipotética esfera, ese valor nadie puede conocerlo, y precisamente de él depende que la figura del cosmos se aproxime más a una esfera o se aproxime más a un plano, aunque, en cualquier caso, siempre de forma aplanada.

 

Tal cuestión, además de imposible de fijar, ni siquiera de suponer, parece que tampoco tenga gran trascendencia, o al menos no tiene ninguna en cuanto al enunciado de la teoría, que es de lo que aquí se trata. Nos interesa saber cuál es la forma del universo, pero no creo que interese tanto calcular si esa forma aplanada es más o menos ancha, entre otras cosas porque, más importante que esta expansión transversal, parece que sería determinar la expansión longitudinal, y tampoco es posible. Puede suponerse a la figura del universo la anchura que se desee, porque por muy estrecha que se sitúe en los grados de un meridiano, a lo largo de los 15.000 millones de años de desarrollo es tal la envergadura alcanzada que, al día de hoy, consistirá en una zona ecuatorial de magnitudes impensables.

 

Visión del universo desde un punto interior

 

Bastante más apasionante que la anchura del universo, sería la de conocer las posibilidades de visión que esta nueva forma de mi teoría plantea para un observador, según la posición del mismo dentro de ese sector ecuatorial de esfera, es decir, según la posición de nuestro planeta dentro del cosmos. Esto sí es trascendente, entre otras razones, porque puede aportar la prueba definitiva (y verdaderamente curiosa y apasionante) de esta forma de universo que defiendo.

 

Hasta hace poco, con aquella antigua concepción del universo como esfera completa, no había problema ninguno. Se hallase dónde se hallase un observador, siempre existiría una recta que le comunicaría con cualquier punto dentro de la esfera. Las posibilidades de visión eran, por tanto, totales. Con la siguiente teoría del “globo inflable”, consistente sólo en la superficie o corona de una esfera, la visión se quedó restringida a casi la nada. Sin embargo, ahora las cosas no son así, no son del “todo o nada”, es una visión que depende enteramente de la posición del observador y que presenta una particularidad verdaderamente excepcional, tan excepcional que podría, si fuese comprobada, convertirse en la prueba definitiva de esta teoría mía del cosmos.

 

·               En este modelo de universo que presento, solamente el centro, el emplazamiento originario de la Singularidad, es el que domina hasta el último rincón del orbe, y no creo que nadie tenga la fortuna de hallarse en tal punto, entre otras razones porque es imposible que un observador ocupe un punto que sólo es “matemático”.

 

·               Descartado ese centro, cualquiera de las demás localizaciones tendrá mayor o menor campo visual según una serie de proyecciones complicadísimas, que no tengo otro remedio que dejar para los geómetras especialistas en la materia. Y ante todo se lo dejo porque, esas diferentes posibilidades, desde un punto o desde otro, también carecen de sentido, desde el momento en que ignoramos en cuál de ellos se encuentra nuestro planeta y nuestra galaxia entera, es decir, en cuál nos encontramos como observadores.

 

·               Entonces ¿Para qué puede servirnos determinar las distintas perspectivas del cosmos, desde un punto o desde otro? Parece que para nada...... Pero resulta que encierra una cuestión que es trascendental, ya apuntada hace un momento:

 

o              En mi modelo de universo, no todo el universo es visible desde cualquier punto de su interior, puesto que su forma de sector ecuatorial de esfera implica la existencia de dos conos (los conos “norte y sur” en la hipotética esfera) que son ciegos, es decir, que no son universo y que impiden la visión, dependiendo de la situación del observador.

 

·               Si, dadas las dimensiones del universo, nuestra capacidad técnica de observación solamente alcanzase a las zonas más cercanas y, además, nuestra situación fuese más bien exterior que interior dentro de la expansión, evidentemente siempre tendríamos el mismo espectáculo ante los telescopios, un espectáculo bastante reducido, con lo cual y hasta que se perfeccionen nuevos medios más potentes de observación, no podremos comprobar la existencia de los dos conos invisibles, “norte y sur”, de la hipotética esfera (literalmente invisibles, no simplemente oscuros).

 

·               Pero si, por el contrario, nuestra capacidad de observación ahora alcanzase más allá de esos límites interiores del universo, impuestos por los dos conos norte y sur que faltan en la hipotética esfera, y puesto que los astros tienen movimientos relativos respecto a nosotros, debería darse el caso de astros y sistemas que aparecen y otros que desaparecen al trasponer dichos conos ciegos. No obstante, es cierto que no deben perderse de vista dos circunstancias que parecen apuntar a la dificultad de esta posibilidad de observación:

 

-                La primera sería la enorme lentitud del movimiento relativo de todos los astros respecto a nosotros.

 

-                La segunda sería que, para llegar a captar ese momento de la aparición o desaparición de un astro, el principal problema es lo efímero de nuestra existencia, de nuestro período de observación, respecto de los 15.000 millones de años de movimientos. La pretensión de captar, en el período de sólo unos años, el momento justo en que un punto de luz, que lleva miles de millones de años en movimiento, traspone la barrera de los conos ciegos desde nuestra posición, parece una pretensión bastante improbable.

 

Con el fin de aclarar dudas poco razonadas y surgidas sobre la marcha, es preciso recordar que esa forma de “sector ecuatorial” del universo, con sus dos conos ciegos “norte y sur”, nunca puede significar que deberíamos percibir esas dos zonas como zonas oscuras y desprovistas de sistemas estelares.

 

o              Tal razonamiento sería una falacia, porque partiría de considerar que el universo es lo que no es, una esfera, y que al faltarle a la esfera esas dos partes deberíamos echarlas de menos, verlas como zonas oscuras.

o              Resulta evidente que no podemos verlas porque, al no ser el universo una esfera, sino un sector ecuatorial de esfera, esas zonas de los dos conos norte y sur no es que le "falten" al universo, es que no son universo, no son espacio-tiempo y no son visibles, como no lo es tampoco lo que pudiera haber (que no lo hay) más allá de los límites de la propia expansión.

 

Desde cualquier punto del universo, si los medios de observación fuesen suficientemente potentes, podría constatarse la aparición y desaparición de astros y sistemas al trasponer los dos conos ciegos.

 

Y por último y como comentario de curiosidades, queda considerar que las formas esenciales que ha engendrado, dentro de sí mismo, el movimiento curvo universal han sido básicamente dos: la esférica de los astros y la plana de los sistemas, ambas girando sobre sí mismas. Ahora, al llegar a la forma final de esa gigantesca rueda que es el cosmos en conjunto, también girando sobre sí misma, nos encontramos con que consiste en eso, en una rueda, una forma intermedia entre las otras dos, una forma que participa tanto de lo esférico como de lo plano, en lo que parece un empeño por resultar un resumen de todo lo que hay en su interior.

 

Y si cabe y para satisfacción de quienes somos creyentes, mayor “casualidad” aún es considerar que, en la concepción clásica, ese impulso inicial, ese origen del universo, constituía precisamente el centro, pero un centro que se hallaba dentro del propio universo, que pertenecía a él: el centro de la esfera. Ahora, con esta nueva concepción que defiendo, ese punto, origen del mundo, sigue siendo el centro geométrico del mismo...... pero se trata de un “punto-origen” que, sin dejar de ser el centro geométrico de la figura, no está situado dentro de ella, no es parte del mundo, lo cual viene a caerle como anillo al dedo a la teología.

 

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© Gregorio Corrales.

 

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(Imagen tomada del reportaje “El arte de fotografiar”)