(Imagen tomada del reportaje Winterda)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen final

 

La interrogante sobre la existencia o no existencia de Dios desencadena una amplia batería de argumentos en los dos sentidos, algunos de los cuales hemos repasado a lo largo del libro. Pero, quizás (pienso que quizás), podría resumirse todo ello en los dos razonamientos que estimo más trascendentes, y los dos concluyen en resultados parecidos: uno concluye en la existencia real de Dios y otro en que, al menos, no puede negarse su existencia.

 

Argumento lógico: (no puede negarse la existencia de Dios)

 

Hecho básico.-

El hecho básico consiste en que la realidad es, en general, adversa: el hombre es radicalmente infeliz porque es limitado, imperfecto; el mundo es hostil y la sociedad es injusta; las cosas son inestables, transitorias, fugaces.

 

Resumiendo, toda la realidad que nos envuelve se hunde en las raíces del mal, y como nadie ha llegado al mundo de forma voluntaria, la vida carece de sentido en sí misma, constituye un absurdo, en el cual nos hallamos inmersos sin haberlo deseado.

 

Deducción Primera.-

Una realidad absurda es un imposible, al menos para la lógica humana. Mas, aunque imposible, tenemos ese absurdo delante de nosotros, ciertamente existe.

 

Pero se produce un hecho trascendental, un hecho que acabará siendo la clave de la argumentación: esta realidad que nos envuelve, llamada vida, no es para siempre, es transitoria, temporal, sujeta a la muerte.

 

Entonces, para que la vida recobre el sentido que forzosamente le corresponde, es inevitable deducir que ha de existir otra dimensión, lo eterno, más allá de los límites de este tiempo que la vida dura, en donde se halle la respuesta al aparente absurdo. Personalizando ese más allá, se llega a esta conclusión inevitable: Dios existe.

 

Deducción Segunda.-

Si Dios, por definición, es infinito, nada existe al margen de su dominio, nada escapa a su imperio, todo puede disponerlo como quiera, incluso, por supuesto, contra la voluntad libre y el pecado del hombre (argumento pueril aducido por la teología).

 

Siendo así, lo verdaderamente absurdo no es que la existencia aquí sea absurda, sino que Él nos haya colocado en tal absurdo, que haya permitido en el hombre este dolor e impotencia, pudiendo haber dispuesto todo de forma diferente.

 

Sólo hay dos posibles respuestas a esta incertidumbre: o es un Dios cruel o es que no existe. Si por definición es imposible que Dios sea cruel, es que es lo segundo: Dios no existe.

 

Contradicción.-

Las dos conclusiones anteriores, aunque deducidas a partir del mismo hecho básico y aunque las dos aparentemente correctas, se contradicen entre sí. Necesariamente, una de las dos ha de ser falsa.

 

Clave.-

La clave para resolver esa contradicción es ésta: el mal y el absurdo solamente nos consta que existen en el conocimiento del hombre y, por ende, en el mundo, que es su objeto formal. Luego si otra realidad existiese fuera del mundo, no podemos presuponer en ella la existencia de lo mismo del mundo: ni el mal ni el absurdo ni la lógica humana. Lo que aquí conocemos no podemos proyectarlo al más allá desconocido. Esta verdad nos conduce a resolver la contradicción así:

 

La deducción primera es correcta, puesto que, al relativizar el mal y el absurdo a sus verdaderos límites, el mundo, resulta válido todo lo que luego deduzca a partir de esa premisa cierta (que debe existir fuera otra dimensión en la que todo cobre sentido, se halle la verdad y se comprenda el porqué de este sinsentido de aquí abajo).

 

La deducción segunda no es correcta, puesto que comete el error de absolutizar el mal y el absurdo, proyectándolos también fuera del mundo. Al juzgar la actuación de Dios como "absurda" por haber permitido este absurdo de aquí abajo, está extrapolando al más allá las verdades del más acá sin fundamento ninguno. Si Dios existe, obviamente está por encima de todo lo conocido en este mundo, por encima del bien y del mal, por encima de la lógica y del absurdo humanos. Si el Creador existe, está por encima de la comprensión de la criatura, de ahí que no entendamos el porqué de la realidad que nos envuelve.

 

Conclusión.-

Esta argumentación es obvio que no resuelve enteramente el problema de fondo, ya que, al partir de una mera expectativa lógica (“debe existir” un más allá que esclarezca el absurdo del más acá), su conclusión Dios existe también consiste en una mera expectativa, no una prueba fehaciente de la existencia real de Dios.

 

Pero también es obvio que esta conclusión sí que es cierta como prueba de contrario, es decir, prueba de que no puede negarse su existencia, pues acabamos de demostrar que Dios no constituye ninguna quimera, sino que constituye una expectativa absolutamente fundada y probable. En rigurosa lógica, pues, a la esperanza de los creyentes, los ateos solamente pueden oponer su escepticismo, su duda, pero nunca una negación cierta. Aquí, como nunca, Dios se mantiene en la interrogante y el hombre es libre.

 

Argumento ontológico: (Dios existe realmente)

 

Toda la realidad conocida, el universo en su conjunto, tanto físico como espiritual, es una realidad limitada y mudable.

 

Lo que es realidad, lo que es "algo", no puede concebirse desde la "nada", sólo puede concebirse desde el ser.

 

El universo, pues, es una realidad que existe, y además que existe por referencia a otra realidad que lo trasciende, la del SER esencial, es decir, la del ser considerado en sí mismo, independientemente de qué clase de ser es el de cada cosa.

 

Pero el universo hemos dicho que es, además, limitado y mudable. Lo que es limitado pierde su ser en los límites, y lo que se muda pierde su ser en el cambio.

 

Luego el universo es cierto que está trascendido por el ser, pero también es cierto que no es el ser en sí mismo, porque en tal caso nunca lo perdería.

 

Si no es el ser, pero lo tiene, es que lo ha recibido de quien lo es.

 

Esa realidad superior y trascendente, que es el SER en sí mismo y se lo ha donado al universo, es a quien llamamos Dios.

 

Comentario.-

A este razonamiento nada se le puede oponer. Tampoco contradice la afirmación, hecha a lo largo del libro, de que la existencia en el mundo "realmente no es nada", es solamente un sueño, una pesadilla, cuando aquí parece afirmarse todo lo contrario al decir que el mundo existe realmente. No hay contradicción porque las dos afirmaciones han sido hechas en sentido restringido, referidas a sus ámbitos correspondientes. Allí nos referíamos a que la vida en el mundo, si sólo es un sueño, no es realidad en la esfera de los hechos físicos (aunque lo parezca); mientras que aquí estamos refiriéndonos a que, eso mismo soñado, sí que es absolutamente real en la esfera de nuestra experiencia psíquica.

 

 

Bibliografía

 

Cada día son más extensas las listas bibliográficas que se insertan en los libros. Por lo general, la mayoría de los títulos reseñados el autor jamás los ha tenido siquiera en sus manos, pero es de un efecto muy erudito llenar cuantos más renglones mejor, viste mucho, es como prevenirle al lector: "Mire usted, estoy muy enterado. Fíjese cuánto he leído".

 

Este autor lee cuanto puede (creo que se nota), pero solamente como pie sobre el que levantar su propia y personalísima andadura (creo que también se nota). Por lo general, olvido ese aluvión de datos extraídos de otros libros, porque sólo me sirven como excusa para tejer mis propias convicciones.

 

No solamente me parece pueril y ridículo citar libros y autores consultados, por mucho que los demás lo hagan; más aún: cuando cae en mis manos un trabajo en el que se cita montón de otros como fuente, lo que pienso inmediatamente es que ese autor que tanto lee, asimila y repite, lo que le pasa es que, realmente, no tiene nada nuevo que decir. Esto mismo pensaba Séneca: “Es vergonzoso poseer como única sabiduría cosas aprendidas de memoria. Saca agua de tu propio pozo”.

 

“Culto es quien repite lo que le dicen. Sabio es quien piensa lo que le repiten”. Esto último no es de Séneca, es de este autor.

 

 

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© Gregorio Corrales.

 

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